¿POR QUÉ UNOS SÍ Y OTROS NO?: El secreto del jardín ajeno

La trampa de mirar de reojo 

Vivimos bombardeados por imágenes de éxito, viajes y abundancia ajena. Es natural que surja la pregunta: “¿Si yo también visualizo, hago mi tablero de deseos y trabajo en mi energía, por qué a otros se les da tan fácil y a mí no?”

Sería erróneo creer que la Ley de Atracción es una especie de catálogo de deseos donde basta con pedir para recibir. La realidad es que esta ley no trabaja sola; funciona bajo el marco de la Ley de Correspondencia, por eso no siempre las cosas se dan como quiséramos.

El jardín del vecino 

A veces vemos a personas que, haciendo más o menos lo mismo que nosotros, obtienen resultados que parecen inalcanzables. No se trata de injusticia, sino de necesidades evolutivas diferentes: 

  • A ellos les corresponde: Esa experiencia específica —ya sea de gran poder, riqueza o exposición pública— es el escenario exacto que su conciencia necesita para aprender en este momento, es decir, está dentro del plan de su alma.

  • A ti te corresponde algo distinto: Tu aprendizaje actual requiere de una estructura diferente. Tener hoy lo mismo que el vecino, lejos de ayudarte, podría ser un obstáculo para tu verdadera paz y tu misión de vida. El plan de tu alma es otro.

La frecuencia y la verdadera manifestación 

Aquí es donde entra en juego nuestra vibración. Atraemos aquello que entra en resonancia con nuestra frecuencia vibratoria —donde también actúa la Ley de la Energía—. 

El propósito de un tablero de sueños o de los ejercicios de visualización no es "obligar" al universo a que nos dé, por ejemplo, una mansión. Su función real es ayudarnos a elevar nuestra energía; el hecho de imaginar cosas que nos gustan mucho nos conecta con emociones agradables y ello, automáticamente, eleva nuestra frecuencia vibratoria.

Al vibrar más alto, nos hacemos correspondientes con experiencias mucho más satisfactorias. Quizás no nos corresponda la mansión que idealizó el ego, pero será un hogar mucho más hermoso y armónico que el actual, porque esa nueva frecuencia es la que nos permite acceder a una nueva realidad. 

De la comparación a la Maestría 

Entender que cada uno tiene su propio jardín y su propio tiempo de cosecha nos libera de la frustración. Pasar del Karma (sufrir por lo que no tenemos) a la Maestría consiste en dejar de mirar hacia afuera para empezar a embellecer el Yo interno y agradecer por lo que nos corresponde hoy. Algo así como mirar la mitad llena del vaso.

Cuando dejas de pelear por lo que no te toca, empiezas a disfrutar de la abundancia que el universo sí tiene preparada para tu diseño único.

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